Don Apolinar Gal Gainza

Gracias a Apolinar se ha conservado la música de las fiestas de Irun tal cual él la escuchaba hace dos siglos, sin embargo su nombre ha pasado muy de puntillas por la historia de la ciudad. Con motivo de la proximidad de las fiestas de San Pedro y San Marcial, el 29 y 30 de junio, me gustaría rendirle un pequeño homenaje y ponerle una calle, al menos una virtual.

El ambiente festivo

Para ser una modesta ciudad guipuzcoana, Irun alberga mucha afición a la música, prueba de ello es que a muchos de nosotros se nos ponen los pelos de punta al escuchar las marchas de san Marcial,en directo, o en el disco de la Banda de Irun. He de decir que yo las escucho en un vinilo que tiene más o menos mi edad, custodiado fielmente por mi padre.

Las fiestas conmemoran dos batallas ganadas a los franceses en el monte San Marcial, una el 30 de junio de 1522, y la otra el 31 de agosto de 1813 en el monte San Marcial. Esta última supuso el fin de la Guerra de la Independencia española.

Cada 30 de junio Irun se divide en compañías, por barrios o por clubes (por ejemplo el del equipo de fútbol Real Unión). Cada compañía representa un batallón de infantería, excepto Artillería, Caballería, Banda, Tamborrada y Hacheros. La banda y la tamborrada, junto con los tambores y pífanos de cada compañía, animan el desfile del día 30 con esta música.

Don Apolinar Gal Gainza

Entra en juego Don Apolinar

Pues bien, ¿quién es el responsable de haber preservado estas canciones hasta el día de hoy? Nada más y nada menos que Don Apolinar Gal Gainza, que transcribió a oído toda la música de las fiestas porque había desaparecido el repertorio escrito. Se cuenta que tal vez le ayudó su hermano, pero lo que es seguro es que compuso una última marcha, ‘la Fajina’, que es la última marcha que se interpreta en el alarde porque llama a los soldados a comer.

Banda de Irun en 1886

La música en Irun en el siglo XIX

Como os podéis imaginar por el significado de la fajina, a Apolinar le gustaba mucho comer y además era muy sociable (ganó el premio ‘Campeón al Buen Humor’ de aquella época según el Programa de fiestas de 1991), pero lo que más le apasionaba era la música. Nació en 1843 y a los 6 años su hermano Patricio le empezó a enseñar solfeo, para incorporarse 6 años más tarde a la Banda de Irun, según una revista irunesa del año 1918.

Por entonces, Irun contaba con 1.400 Habitantes (hoy 66.000) y los músicos de la banda no cobraban absolutamente nada: el Ayuntamiento les proveía de una sala de ensayo, luz, vino y un banquete el dia de Santa Cecilia y San Marcial. Encontraréis más información sobre la banda (la foto muestra los músicos iruneses de 1.886) en este enlace.

Apolinar Creó la primera escuela de música de Irun, que luego cerró porque se abrió una municipal que enseñaba gratis. También abrió una tienda de música que tuvo que cerrar años después. Fue director de la banda y organizó y dirigió muchas orquestas y estudiantinas (como la tuna), para recaudar fondos para paliar los estragos de las guerras de la época.

Su legado

Apolinar murió a los 85 años dejando tras de sí un centenar de composiciones, así como la chispa de su pasión por la música, que se transmitió de generación en generación hasta nuestros días. Sus doce hijos tocaban todos el piano, la guitarra, la flauta, el clarinete y la bandurria. Más adelante sus nietos aprendieron de él la guitarra y el piano. En 1991, siete de sus bisnietas trabajaban de profesoras de piano y un tataranieto era subdirecor del Coro Easo.