El origen de las notas musicales

La víspera de San Juan se celebra con hogueras, en recuerdo a sus orígenes como festejo del solsticio de verano. En la noche más corta se enciende una hoguera para dar más fuerza al sol, y de paso quemar lo que no nos sirve y dar paso a lo nuevo.

Curiosamente, fue precisamente el himno que se cantaba la víspera de San Juan, allá por el siglo X, lo que iluminó al monje Guido de Arezzo a poner nombre a las notas musicales, casi tal y como las conocemos ahora, y las subió a un tetragrama: un pentagrama de cuatro líneas.

Canto gregoriano

La primera música occidental

En la Edad Media los que se encargaban de custodiar y preservar la cultura eran los monjes. No es de extrañar por lo lo tanto, que fuesen ellos los primeros en tener la necesidad de conservar sus cantos para que se ejecutasen siempre igual, por los siglos de los siglos. Con ello, la primera notación musical occidental es la empleada en los cantos gregorianos, llamados así porque los recopiló el papa Gregorio el Grande del año 590 al 604.

En esos enormes libros se escribían las ‘notas’ y debajo la sílaba que había que cantar, con letra grandísima para que se leyera desde lejos. En aquellos libros no se sabía la entonación de la pieza, sólo si la nota siguiente era más aguda o más grave. Para ello se dibujaba una línea de referencia.

Y nació el tetragrama

Guido de Arezzo (991/992-1050) inventó el antecesor del pentagrama pero con cuatro líneas, una de ellas de color amarillo que sería ut (posteriormente se convirtió en do) y una roja indicando el fa, lo que daría origen más tarde a la forma de representar las claves. La nota si no se incluyó hasta el siglo XVI, porque da origen al tritono, que era considerado en la época medieval como ‘el intervalo del demonio’.

En la imagen se puede ver el himno de San Juan con las primeras sílabas de cada verso en negrita, las cuales se convertirían en el nombre de las notas musicales. Además, como el canto es fácil de retener, de esta manera se retenía no sólo el nombre, si no también el sonido de las notas: fijaos en que estas sílabas van subiendo por el pentagrama según cambian de verso. Posteriormente, la nota si se tomó de Sancte Ioanes.

La aparición del tetragrama fue un acontecimiento crucial para la historia de la música occidental, ya que así se pudo transcribir con mayor precisión las melodías y no depender de la transmisión oral de los cantos, como se había hecho hasta entonces.

La vida de Guido

A Guido se le conoce con el apellido de Arezzo porque fue en la escuela catedralicia de esta cuidad italiana donde pudo enseñar sus métodos innovadores de enseñanza de canto, que cuando llegaron a oídos del papa Juan XIX, éste le concedió el honor de instruir a los cantores papales.

Mientras tanto, sus antiguos y recelosos compañeros de la abadía benedictina de Pomposa, en Ferrara, que habían rechazado sus métodos hasta el punto de echarle de ahí, se morían de envidia. El abad de Pomposa le rogó que volviese, pero él ya no podía, aunque envió una carta informándoles de sus progresos.

Guido d'Arezzo

La Mano de Guido

Guido de Arezzo se preocupó también de enseñar música con un método sencillo y que facilitase la lectura a primera vista. Por ello, se le atribuye a él la invención de la ‘Mano de Guido’ con la que se enseñaba a cantar hasta casi tres octavas en hexacordes (grupos de 6 notas, recordemos que el si todavía no existía).

Este vídeo es la mejor explicación que he encontrado de cómo era este método, e incluso se explica cómo se distinguían las octavas por entonces.

Do de pecho

La nomenclatura ut fue sustituida por ‘do’ por Giovanni Battista Doni en la primera mitad del siglo XVII. Do es también la primera sílaba de su apellido, con lo que algunas fuentes dicen que la eligió por eso y para pasar a la historia de alguna manera, aunque según la versión oficial se eligió porque ‘do’ se canta mejor que ‘ut’ en los países latinos.

El cifrado americano

¿Y qué pasa con la nomenclatura anglosajona, que llama a las notas con letras? En realidad, el cifrado americano es mucho más antiguo que el medieval.

Deriva de la Antigua Grecia, que nombraba las notas desde la letra alfa (A: actual nota la) hasta la gamma (G: actual nota sol). El Imperio Romano se encargó de extender esta nomenclatura al norte de Europa, y las posteriores colonias británicas serían las responsables de extenderlo por el nuevo mundo.