Famosa por ser escenario de la primera chispa entre Roberto Rossellini e Ingrid Bergman en 1.949 mientras grababan la película del mismo nombre, Estrómboli es la única isla europea que no apaga su fuego volcánico desde hace por lo menos 2.000 años.

El viernes pasado comí con unos amigos en un restaurante desde el que se ve una preciosa panorámica de Donostia. Se sentía la primera brisa del verano y estábamos con el segundo plato, a base de pescado.

Tal vez fue la mezcla de la proximidad del mar y el plato que teníamos delante lo que hizo recordar a uno de nosotros los mejores veranos de su vida en compañía de los pescadores de Estrómboli. Su experiencia fue tan intensa que no ha vuelto a pisar la isla en 15 años, por miedo a que ahora todo haya cambiado demasiado.

Stromboli

Empecemos por el principio, Estrómboli es una de las ocho islas del archipiélago eolio, llamado así por Eolo el dios del viento, al norte de Sicilia. Es un volcán de arenas negras que hace unos 100.000 años se levantó del mar Tirreno casi 1km.

Su vegetación crece hasta los 400-500m de altitud, y después da paso a roca de ladera volcánica, que si se sube durante una hora y media se llega a la boca del volcán. Es frecuente ver mulas durante todo el año recorriendo los escarpados caminos.

Para haceros a la idea, os recomiendo visitar este enlace de Pinterest con fotos de la isla de donde he pescado esta foto.

Sus habitantes son 450 en invierno, pero pueden alcanzar los 5.000 en verano, y viven solamente en un lado de la isla porque del otro lado cae la lava del volcán. Por esta razón, en vez de dos puertos sólo hay uno, con lo que si la mar se embravece se complica el suministro de agua potable y otros víveres desde Italia.

Entre sus habitantes hay 50 niños que estudian en clases de nivel mixto hasta primaria y para estudiar secundaria se van a Lipari (la mayor isla eolia) o Millazzo (Sicilia).

Diez son curtidos pescadores de enormes manos callosas y barbas iguales a las de los antiguos filósofos, que salen cada día en sus lanchas a motor, descalzos, antes del alba.

Stromboli Fisherman

El ritual es siempre el mismo: el pescador se despierta a las 4 de la mañana, recoge sus aparejos y se encamina a su lancha de motor. Sólo hay silencio, estrellas y lava roja brillante cayendo lentamente desde la cima. En su recorrido encuentra muchos tipos de peces gracias a la riqueza del volcán, incluso peces espada o calamares. En verano se topa también con yates, y a ellos se acercará después para ofrecerles sus mejores piezas.

Por la tarde, llegados a puerto, algunos pescadores remiendan las redes en la playa mientras otros atienden el puesto de un improvisado mercado. Cuando el cielo empieza a enrojecer, cenan en las rústicas casas blancas mediterráneas, esperando volver a ver las estrellas la madrugada siguiente.